Myriam
González-Gay, coreografía
Bella Catalina Román, dramaturgia
1. Cuenta la leyenda que la hija de Antea no lograba entender el
frío del invierno y de la ausencia...
Había bebido
los rayos de sol a cucharadas y en su vida sentía ahora
la lluvia del recuerdo... y tras ella se alargaban las sombras
del porqué.
2. El viento retorcía la cabellera
de los árboles...... y la voz de Antea llegó hasta
su hija....
Déjame suspender mi tiempo.
Déjame marchar y reposar,
Me llevo muy poco conmigo....
Déjame volar con el pájaro
transparente,
Con las flores pensativas,
Deja que mi adiós sea
rápido,
Que mis pensamientos se acerquen a las
estrellas,
Déjame llevar mis lamentos hacia el mar...,
hacia el mar..., hacia el mar...
Intenta comprender los misterios de la ausencia...
3. Y se escuchó la
voz del viento…
Ven conmigo y juntos construiremos
leyendas de largos caminos...
Acércate a la impaciencia de la luz y del tiempo inocente...
Te abriré las puertas de soledades de piedra...
Te haré beber los gritos helados de todos los manantiales...
Romperé tus cadenas de silencio y olvidarás la sombra
de tus pasos...
Conocerás países lejanos y la locura de los hombres...
y las fuentes sin agua de la luna... y la serena paciencia de lo
inalcanzable...
Cruzarás turbios espejos y hallarás (la sombra de
tus pasos) miradas de plata...
4. Y habló el árbol…
No
persigas las voces del viento, los espejismos, las ilusiones...
Apoya tu frente viajera en mi áspera carne,
conmigo conocerás las sombreas del descanso, la paz de las
raíces, las sinfonías del silencio...
Estás cansada de andar tras las huellas de recuerdos que
se alejan más y más...
Te convertiré en portadora de eternidad...
Tus lágrimas alimentarán la tierra que es tu refugio,
tu risa hará temblar las estrellas....
5. Y la voz de la
hija de Antea rasgó los silencios...
He perdido
el tiempo soñando sin dormir...
Donde quiera que he ido, me he encontrado con mi
ausencia y no soy de ningún lugar.
De mis huidas conservo a flor de vida, el adiós a mis caminos
truncados.
Solo mis manos guiarán mi destino.
Quiero apartarme para volver mejor,
quiero huir, para no traicionar.
Cuando un árbol llora en
invierno hay que recordarle el lenguaje del verano...
y la voz de Antea consoló a su hija y le hizo que el invierno
no era más que un sueño que pronto pasaría...
Bebe
mi niña, y aliméntate de lluvia y de sol...
No envidies poder volar alto,
de día bailarás y buscarás caminos nuevos
para ti, pero antiguos, como el primer suspiro que se oyó en
la tierra...
De noche hundirás tus raíces, cada vez más
profundas en una tierra negra y generosa...
Y tus ramas se elevarán y acariciarán las nubes...
|