Según el mito del
eterno retorno, todo está destinado a renacer.
Al llegar el invierno, la hija de Antea (la Tierra), llora la muerte
de su madre: sola y perdida se deja llevar por el dolor, descubre
la soledad, el frío y el miedo.
La voz de Antea llega hasta
su hija, a la vez como una despedida y como una promesa de retorno...
Aparece la figura del caballo como
símbolo de las fuerzas que nos arrastran.
Lentamente, mientras
la tierra descansa en silencio, su hija emprenderá sus
viajes hasta llegar al final de ella misma, se dejará engañar
por las voces del viento y atraer por la serenidad del árbol.
La
tierra va renaciendo, las heridas cicatrizan...... La hija de
Antea ya camina segura... ya no volverá a temer el frío
del invierno, sabe que nada muere del todo, se ha construido
con los obstáculos, se ha alimentado de soledad, esperanzas,
recuerdos y luchas.
Ha comprendido al fin, que la herencia de
la tierra es la VIDA.
P.S.:
Figura de las sillas: Hace referencia a las fuerzas que nos
atan a la tierra.
Figura del caballo: Esta figura hace referencia a una antigua
costumbre gitana: cuando moría un rey gitano, se llevaba el caballo
hasta su tumba y la gente se dirigía al difunto. |