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Los hombres velamos de día, dormimos de noche y entonces tenemos nuestros sueños. La cosa es distinta con el árbol, pues vela por espacio de tres estaciones, y sólo en invierno queda sumido en sueño; el invierno es su tiempo de descanso, su noche tras el largo día formado por la primavera, el verano y el otoño. Y fue precisamente en los días santos de las Navidades cuando el roble tuvo su sueño más bello.
Ratona, era muy bonita, y sus padres estaban tan orgullosos que no encontraban a nadie digno de jugar con ella. Cuando estuvo en edad de casarse, no aceptaron por yerno a ningún príncipe del reino de los ratones y declararon que sólo se casaría con la princesa Ratona, el personaje más poderoso del mundo.
Todas las tardes,
a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado
a ir a jugar al jardín del gigante. Era un jardín grande
y hermoso, cubierto de verde y suave césped.
Había una
vez un gentilhombre que se casó en segundas nupcias con una
mujer, la más altanera y orgullosa que jamás se haya
visto.
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